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¿Cómo mantener la salud bucal?

El éxito a largo plazo de los implantes dentales en la cavidad oral depende en gran medida de la ausencia de placa en los tejidos circundantes al implante y de la capacidad y voluntad de los pacientes para realizar la higiene oral. De esta forma, la mayoría de las pacientes tratados con implantes y sometidos a un programa de control de placa, pueden mantener condiciones clínicas de salud periimplantaria durante un período largo.

Las prótesis oseointegradas requieren de mantenimiento, por una parte, los tejidos que rodean a las fijaciones y, por otra, los componentes de las prótesis.

Se podría implicar a dos personas para que los implantes dentales se mantengan en perfectas condiciones de salud. El propio paciente, con su higiene en casa y el periodoncista (profesional). Son varios los dispositivos utilizados por los pacientes con implantes para el cuidado en casa: los cepillos interproximales, que son fundamentales; los cepillos unipenachos y multipenachos, la seda y la cinta dental en sus distintas variantes, y los irrigadores bucales. En aquellos pacientes en los que el control mécanico de la placa no es suficiente, evidenciándose sangrado gingival o hiperplasia (agrandamiento de la encía), se utilizarán como tratamiento coadyudante agentes antimicrobianos de aplicación tópica, tales como la clorhexidina al 0,12 %, agua oxigenada, bicarbonato de sodio, etc. En resumen, el cuidado eficaz en la casa por parte del paciente debe incluir técnicas convencionales de higiene oral, irrigaciones orales con o sin antimicrobianos.

Cintas Dentales
El periodoncista debe establecer un estricto programa de revisiones periódicas. Durante las visitas de mantenimiento deberán registrarse todos los parámetros clínicos usuales y realizarse controles radiográficos convencionales, lo que permitirá evaluar el grado de inflamación de los tejidos periimplantarios, así como el estado óseo. Las regiones con aumento en la profundidad de sondaje, aumento de placa y sangrado se registran y se muestran al paciente para motivarle, prestando especial importancia a las recomendaciones de higiene.

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Más vale prevenir que curar, dice la sabiduría popular y para mantener a nuestros dientes y encías en perfecta salud, y evitar las consecuencias de la más poderosa enemiga de la dentadura: la placa bacteriana, las armas más eficaces: una correcta higiene bucal y dos visitas anuales al dentista. Muchas veces los microbios, que forman parte de la flora bucal se depositan entre los dientes y las encías, originando la formación de placa bacteriana, que puede causar diferentes tipos de lesiones en las encías y/o caries.

La patología periodontal es una inflamación en las encías. Poco a poco, comienza a perderse el hueso que actúa como soporte de los dientes, éstos se aflojan y empiezan a moverse.
Una mala higiene bucal, el estrés, el cigarrillo y los factores hereditarios; disminuyen las defensas naturales del organismo, para combatir los transtornos que se producen en las encías. Esto determina que un gran porcentaje de personas mayores de 30 años, padezca problemas periodontales. En el caso de la mujer, todo cambio hormonal (el embarazo, la menopausia, la menstruación, etc.) aumenta los riesgos, y por ello los cuidados deben extremarse.

Prevención
La manera más efectiva de evitar la aparición de la patología periodontal y de combatirla, es realizar un correcto cepillado y una adecuada higiene del espacio interdental. La placa bacteriana se forma cada 24 horas, pero es posible eliminarla mediante el barrido mecánico realizado una vez por día con un buen cepillo. Para limpiar la unión de cada diente con la encía, se debe usar un cepillo de nylon, pequeño, recto, suave, y con las puntas de las cerdas redondeadas. Una buena prevención debe comenzar antes del nacimiento. Por ello, durante el embarazo es aconsejable incorporar unas gotas de flúor -siempre prescriptas por el odontólogo- que pasarán a través de la placenta y formarán parte de los dientes del bebé en gestación. Durante los primeros meses de vida, se le deberá suminsitrar al niño la misma dosis, y a los tres años, comenzará las visitas al odontólogo. La mamá comenzará a cepillarle los dientes en forma previa a esa edad, para ir creándole el hábito del cepillado. Otro punto importante: evitar que el niño ingiera dulces y golosinas y que beba gaseosas azucaradas. Si desde la más temprana infancia se le enseña a prestar atención al cuidado de su boca, durante el resto de su vida las visitas al odontólogo serán una simple rutina higiénica.


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